Mi viaje con Darwin y Serrallonga

En las primeras páginas del libro, Serrallonga pregunta si fue Galápagos la causante de los descubrimientos de Darwin, el autor responde que en parte sí y en parte no. Uno puede estar en el lugar idóneo pero no ser capaz de sacar nada de provecho, es lo que le sucedió al joven Darwin que pisó por primera vez la isla de San Cristóbal. Un hombre apasionado de la caza y que se dedicaba más a molestar y maltratar la fauna local que a estudiarla, que negaba las teorías evolucionistas de su abuelo y que tras estudiar teología, comulgaba con las ideas creacionistas e iba allí con el objetivo de hallar restos de las criaturas antediluvianas para poder poder aportar evidencias a la teoría catastrofista. Es muy interesante como Serrallonga introduce esta faceta desconocida de Darwin, lo hace con mucho respeto, sin juzgar, pero sin ninguna intención en ocultarlo, es clave para entender el otro gran viaje que realizó Darwin, el de crecimiento interior y autocrítica.

El libro es todo un recorrido detallado por las islas encantadas: por isla de Lobos, Isabela, Española, Santiago, Pinzón, San Cristóbal y Fernandina. Sin olvidar el Islote León Dormido. Allí Serrallonga describe Leones marinos, fragatas, iguanas marinas, tortugas gigantes, gaviotas de las lavas, pinzones, sinsontes, delfines, zayapas, percebes, tiburones martillo, etc. Todo acompañado de increíbles relatos junto a estos magníficos animales, sin olvidar partes dedicadas al apareamiento, a la peleas entre alfas y como no podía ser de otra manera, a las mutaciones que han hecho sobrevivir a estas especies. Para lograr algo así no solo vale con estar ahí, tiene que haber innumerables horas de estudio, de lectura y de pasión detrás. El libro no es más que todas las anotaciones bien hiladas que Serrallonga hizo en su Moleskine cuando volvió a las islas encantadas para celebrar el bicentenario de Darwin. El libro es un recorrido por la cabeza del autor, donde por supuesto aparece Darwin, ya que siempre ha estado presente en la vida del autor. Como dice Serrallonga, hay que observar todo lo que nos rodea, sorprendernos, el día que pueda asegurar encontrar y ver un animal en un sitio y hora concreta seguramente deje entonces de hacer expediciones, sería un zoológico y ahí no tiene cabida lo inesperado, no hay aventura.

A continuación mis tres consejos, dos aprendidos de Serrallonga y un último del propio Darwin. El primero es logístico, de carácter práctico, hay que familiarizarse con un equipo y llevarlo siempre con nosotros, como marca personal, como si se tratase de unos dibujos animados y siempre vistieramos y llevásemos lo mismo. Y si lo pongo como consejo es porque para Serrallonga es de vital importancia, sale reflejado constantemente durante el libro. Ya lo dice al principio, nunca le presta atención a la ropa menos cuando va a partir en una expedición, entonces pasa a ser una prioridad. No me ha sido difícil imaginar al autor observando la fauna de las islas encantadas en bermudas de campaña, con un rotulador de punta fina Pilot en una mano y una icónica libreta milanesa Moleskine en la otra, algo por lo que Serrallonga siente una profunda devoción. En sus bolsillos, no puede faltar la navaja multiusos leatherman y una linterna Mag-Life. Después de un duro día de exploración, para nuestro protagonista, la guinda es acabarlo  con un ritual, fumando de su pipa irlandesa con tabaco artesanal de la zona. Y no hay que olvidarse del pasaporte, uno de los bienes más preciados para cualquier viajero.

El segundo consejo extraído de Serrallonga y que voy a empezar a aplicar de inmediato, es el de convertirse en un apasionado y de rodearse de mentores que ilusionen e inspiren. Para él ha sido fácil, desde niño mostraba un genuino interés en este campo, para otros es más difícil, no creo haber sentido una chispa o magnetismo comparable en toda mi vida. Sobre los mentores, no hay una mejor parte del libro que en la que habla de los despachos, clasificándolos en dos tipos, con variantes incluidas. Centrándonos en la que nos interesa, es el tipo que sigue el estudio de Darwin en Down House, los cuadros que allí cuelgan son de Sir Joseph Dalton Hooker, Sir Charles Lyell, Josiah Wedgwood, Erasmus Darwin, Carl von Linné, Ernst Haëckel y Thomas Henry Huxley. Un reconocimiento a sus orígenes: su tío Josiah y abuelo Erasmus; a figuras clave como el clasificador Linné; sin olvidar los coetáneos con los que intercambiaba pensamientos constantemente, un raro reconocimiento. Pero había muchos más: Los siempre presentes Syms Covington y el Capitán Robert FitzRoy junto con Richard Owen, John Gould, Alexander Von Humbolt, John Stevens Henslow y Adam Sedgwick. Está claro que cuantos más mejor, esto y la camaradería y pasión es lo que llevó a Serrallonga y otros compañeros a recuperar el Club de los Lunáticos dos siglos después. Darwin leyó mucho, Lyell lo influenció nada más embarcar en el HMS Beagle, cuando un joven snob leyó Los Principios de Geología. Serrallonga también es un claro ejemplo de este consejo, de pequeño se veía El mundo submarino junto con su hermano Lluis y más tarde sus padres le compraron la Enciclopedia Cousteau del mundo marino, él mismo se hizo con un ejemplar de El chimpancé y los orígenes de la cultura. Ha crecido con ídolos, que luego se convirtieron en mentores y posteriormente en compañeros, Jordi Sabater Pi es un claro ejemplo de ello, fue clave al igual que también lo fueron los profesores Henslow y Sedgwick para Darwin. Ya lo dice el libro: “El papel de maestro o tutor universitario es importantísimo para todo estudiante.” No deja lugar a dudas.

El último consejo, nos lo da Darwin después de toda una vida. No hay que tener miedo a equivocarse ni miedo a cambiar radicalmente nuestras creencias. Cuando empezó a escribir los famosos cuadernos rojos de selección, evidentemente sentía un enorme temor, iba contracorriente, solo, incluso todos sus compañeros eran creacionistas, aunque eso no hizo que no lo apoyaran. Lo mismo con su mujer, Emma, era creyente y lo que escribía su marido atentaba contra todo lo establecido. Pero Darwin no cedió al miedo, combinando su Mal de Chagas con sus 15 años de estudio a su colección de cirrípedos, acabó publicando El orígen de las especies. Y lo hizo pole pole, la expresión swahili con la que Serrallonga despide su libro, y que viene a decir: trabajando mucho pero con parsimonia y buen humor.

Referencia bibliográfica:

Título: Regreso a Galápagos. Mi viaje con Darwin

Autor: Jordi Serrallonga

Editorial: Editorial UOC, S.L.; Edición: 1

Fecha: 1 de enero 2010

Lugar de publicación: Rambla del Poblenou 156, 08018 Barcelona

Colección: niberta – Cuaderno LivingstoneTapa Blanda: 192 páginas

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